Básicamente de sobrevivir me acuso estos últimos meses, aunque empiece el post con un puñetero adverbio. Creo que ya he olvidado cómo escribir sin cometer faltas, pero no pienso ponerme de rodillas y pedir perdón por algo que con toda seguridad, también hacía antes, por mucho que no me lo echase en cara. Las cosas suceden deprisa, y no da tiempo a parar un momento y mirar al costado, por si acaso de reojo miras para atrás y te sorprende un esqueleto completo persiguiendo tu carne desnuda. "Déjame en paz!" podrías decirle; o alcánzame de una vez, que ya casi ni te reconozco; eso sería algo muy parecido a la definición proustiana de sobrevivir: a ver qué coño le digo a estas dos partes de mí para que se pongan de acuerdo. De sobrevivir me acuso, y la pena de prisión la conmuto por aguantarme a mí mismo un rato más, a la fuerza indefinido; por arriesgarme a vivir deprisa por muy lento que resulte el proceso; por viajar de espaldas a los pájaros y no reconocer el otoño a finale...
Adam Me gusta la simetría. Hay cierta oscuridad en esa marea de trazos que pugnan por ordenarse hasta conseguir el equilibrio. Paseo con las manos cruzadas en la espalda, atento a las grises baldosas de cemento, los bordes lineales de las aceras y la arquitectura decadente de los edificios. Mi mente levanta sin cesar puntos de fuga y busca la mejor perspectiva a cada momento. Mido distancias; no descanso hasta que llego a mi estudio. En calculado orden, coloco la compra en la nevera como si fueran las piezas de un delicado puzzle. Envases de plástico opacos, colores neutros, sin aristas: siempre por parejas. Decidí mudarme a este lugar por sus vistas al cementerio. La chusma que lo visita no logra comprender el verdadero significado de los volúmenes que definen cada calle, cada esquina; ellos se sienten como Dédalo en el laberinto, y buscan rápido la salida y agachan la cabeza y se giran acongojados por si acaso, de repente, cruza ante ellos el miedo. Son incapaces de fijarse en cómo f...
Mayo entra con fuerza, sin pedir permiso a los pájaros que aún picotean el mes de abril. El porche se llena de gatos al sol, y entre sus patas se deslizan las flores; se desperezan al ritmo del aire; ronronean con la última luz de la tarde. Pretendía escribir una carta lo suficientemente pretenciosa como para olvidarla de inmediato, pero estoy absorto en el empedrado de esta plaza. Losas de granito recogen en cuadrados los guijarros, simétricos, rematados en forma de cruz. Y se me antoja difícil recordar cada pisada mía, cada cuerpo infinito sobre la dureza del piso, ya desgastado por el paso del tiempo. Pájaros picoteando migas de pan. Gatos al acecho. Una estúpida carta que jamás escribiré porque no tiene destinatario. Esta plaza de piedra centenaria que también soportó mis pisadas en otros días de mayo.
No tiene muy buena pinta, no? Qué tal sabía?
ResponderEliminarEra Hojaldre con setas a la salsa roquefort. Buenísimo.
ResponderEliminarTe añado a favoritos. Un saludo.