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sábado, 30 de enero de 2010

La esperanza de lo mínimo

En las páginas del libro de la Vida me encuentro.
Habito escondido, al acecho de que tú me leas.
Yo no hablo mas que a aquellos que me escogen,
aquellos que esperan verse sorprendidos
en un alto del camino.

Muchas veces he pasado delante de ti,
y no me has mirado.
Soy como una letra pegada al margen;
como aquella palabra ignorada en el borde de una cita;
soy la sombra, para muchos un mísero inconveniente,
o la estrecha y alargada tinta que tus ojos, sin ti,
se quedan viendo.

Un día abriste la puerta de tu corazón,
-ese lugar precioso donde yo quiero respirar-
en el amor caliente de una noche sin luna,
y ya no tengo sitio donde esconderme.
No puedes ignorarme, aunque lo desees;
he aprendido a conjurarme en tus pequeñas cosas
haciéndolas mías, y ahora dependo de ti.

Escúchame, ahora que estamos solos:
no habrá obstáculo, ni controversia,
ni alfileres de lluvia en tus anocheceres,
porque cuando por fin te fijes
en la esperanza ínfima de mi naturaleza,
amarás nuestros secretos,
y ese don que nos hace partícipes de lo que jamás se olvida.

Yo te daré a cambio lo más preciado que el Hombre puede desear,
aunque tú aún no te des cuenta..

Entonces, existiré también gracias a ti, mamá.

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