Entradas

Calcetines helados

Imagen
Visto con elegante etiqueta de pobre; el traje ciñe al cuerpo a la perfección, sobre todo cuando el alma descansa en la tintorería, a falta de un lavado en seco. El error ha sido comprar en rebajas: todo el mundo tiene la esperanza de encontrar un chollo a bajo precio, pero no dejan de ser restos de temporada. Esta tontería se me ocurre contemplando el valle helado, en el borde de un camino. Abajo, el paisaje; arriba, la perspectiva del vértigo; en medio, una silla de monte y la certeza que si sigo aquí pensando en guantes de goretex voy a morir congelado debajo de mi sombrero. Alguien que ahora no recuerdo me dijo un día de sol que siempre hay que mirar al horizonte. Allá, a lo lejos, hay un inmenso mar de posibilidades para explorar, y cada gota de luz nos acerca irremediablemente a nuestro destino. Espléndido. Me he traído unos prismáticos para intentar saltarme algún paso, y ahorrar en suelas hasta ese destino soñado, pero cada vez que acerco un punto en el catalejo, se me an...

Pizarra

Imagen
Harto de la luz de domingo, pongo a enfriar septiembre junto al Moët Chandon.   Ya vuelvo al trabajo, colorado por el esfuerzo hasta coger velocidad de despegue.  He separado los lápices de colores, plastificado los libros y arrancado las telarañas del fondo de mi pupitre de madera. He planchado mi uniforme azul. Hay novedades escritas en la pizarra y nuevos ojos que todo lo leen. Vuelvo a ser tímido, atento; especialmente vulnerable cuando abres la botella de champán y dejas correr las burbujas de septiembre en el primer día de clase.

Pasatiempo

Imagen
Tengo todavía la capacidad de darme cuenta de que ya no hay nada que entender. Eso es fantástico. Ahora hay que arriesgar lo suficiente como para también darse cuenta que no siempre sale cruz. Llenar ratos muertos elucubrando fracasos es un pasatiempo estúpido cuya resolución pasa por sonreirle al corazón. Decirle cuatro cosas imaginativas ahora que apunto alto en las noches de insomnio, pedirle cena para dos, tumbarse en la carretera para ver las lágrimas de San Lorenzo mientras lloras estrellas fugaces, o quizás esperar que ésta cálida noche de agosto vuelva a ser cálida en enero entre tus piernas, por mucho que no tengamos aún la suerte de conocernos. No amanecerá tan deprisa como para que dé tiempo a sacar conclusiones definitivas sobre la conjugación del verbo amar. Cuando lo haga,  prometo aprender con paciencia infinita todas las técnicas de caligrafía, para tatuarlo con mis propias manos en...

Veleta

Imagen
Dibujo lluvia sobre las tejas rojas y toco una canción metálica en la triste veleta. Se mueve al compás del viento, casi igual que yo. La diferencia fundamental es que ella se deja llevar y yo voy a la contra, luchando de cara contra los elementos. Soy una veleta descastada, muy orgullosa de su erguido penacho azul; un poco oxidada; un poco olvidadiza; siempre empeñada en apuntar hacia ese trozo de cielo donde al parecer se avista una tormenta,  para luego dibujar la lluvia sobre las tejas rojas y tocar de nuevo mi metálica canción.

Calma

Imagen
Noche cerrada. Arranco el coche camino Bosque,  para volver a los amaneceres. Siempre igual: acabas volviendo al punto de partida, pero con la expectativa de disfrutar de la salida del sol como si fuera la confirmación de una promesa, después de una oscura noche sin luna.  No importa que creas que esta canción ya la has oído muchas veces: cada vez que la escuchas,  suena diferente; no importa que sientas caer los segundos como el velo de tu mortaja,  o tirites de frío cuando el rocío helado lame tu cadáver, porque sabes a ciencia cierta que los minutos traerán la gloria y resurrección.  Aquí no cabe la incertidumbre, pero sí la esperanza de cómo te sorprenderá la belleza, igual que el reflejo del alma en el cuerpo desnudo de una mujer. Tímido al principio,  vacilante; empeñado en hacerse esperar a tonos naranjas, el espacio llama a la puerta del tiempo, y le ruega calma. Juego a detener la brisa e imagino un rostro al otro lado de mi vida, sonriendo, mientr...

El Camino

Imagen
He pasado el mes de julio haciendo el Camino de Santiago. Todavía arden mis pies, llenos de heridas, al fuego lento de los kilómetros recorridos.  Las piedras,  el asfalto,  el polvo,  las fuentes de agua y los jergones allá arriba, en las estrellas,  son testigos de mi camino. También la Moleskine, repleta de anécdotas que algún día se encargará de recordarme. Para quien no lo sepa,  hacer el Camino es una experiencia semejante a tener una vida en miniatura. Una alegoría de ti mismo escrita paso a paso,  donde vuelves a buscar, a palpar a tientas cuál es el verdadero centro de gravedad permanente. Pero sobre todo es un camino de encuentro, donde lo innecesario que guardas en tu mochila pesa a plomo sobre los hombros y justo a la misma altura del corazón. Todo sobra. Sólo Dios basta en tu aventura de vivir.

Bandera roja

Imagen
Vuelvo a la arena. Es un contraste curioso, aquí, en los bordes de la playa. La humedad de las olas roza el rostro cuando miras hacia adelante, (con la estúpida intención de interpretar la brisa)  pero tus pies descalzos fondean en la arena seca, agarrándose a la aspereza de lo que una vez fue roca viva. Querer andar sobre la superficie del mar no es cosa de dioses: yo podría hacerlo a todas horas si quisiera bucear en ti. Aún no me dejo. Y no encuentro una razón convincente entre todas las definitivas para apartarme del placer de querer y ser querido, así que actúo en consecuencia. Sería fácil si hubiera un interruptor con un gran letrero que anunciara los peligros de esta febril marea que a veces hipnotiza. Sube y baja; arranca los sonidos de la luna y hace postrarse al más valiente a merced de su capricho. Y si por un momento te dejas llevar en ese vaivén de locura, no salgas de allí, porque podrías encontrarte que tus movimientos han transformado lo que dejaste atrás. No s...