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Mostrando entradas de enero, 2010

Veinte minutos.

Cojo la gabardina gris y el maletín de documentos. ¡Ah, el paraguas! Por fin he acabado la jornada de trabajo y me dispongo a abandonar el despacho para volver a casa. Bajo las escaleras del portal de dos en dos, como si necesitase escapar de aquel lugar antes de que acabe por devorarme. Camino por las calles en dirección al Metro, observando de reojo a los transeúntes que como yo, van con prisas con las manos en el fondo de sus abrigos. !Qué monotonía tras el vaivén diario de mis pasos! Ya no recuerdo el momento en que mi vida dejó de interesarme. Traquetea el vagón quejándose de puro viejo, mientras ojeo la última novela de un escritor innombrable que Liz, mi mujer, me aconsejó. No acabo de encontrarle sentido a un argumento tan enrevesado, por mucho que los celos -como dice ella- sean uno de los motores que mueven el mundo. Yo te diré, querida, la razón fundamental por la que el mundo gira con nuestras vidas a cuestas: el dinero. Llegar a fin de mes. Pagar el montón de facturas que...

La esperanza de lo mínimo

En las páginas del libro de la Vida me encuentro. Habito escondido, al acecho de que tú me leas. Yo no hablo mas que a aquellos que me escogen, aquellos que esperan verse sorprendidos en un alto del camino. Muchas veces he pasado delante de ti, y no me has mirado. Soy como una letra pegada al margen; como aquella palabra ignorada en el borde de una cita; soy la sombra, para muchos un mísero inconveniente, o la estrecha y alargada tinta que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Un día abriste la puerta de tu corazón, -ese lugar precioso donde yo quiero respirar- en el amor caliente de una noche sin luna, y ya no tengo sitio donde esconderme. No puedes ignorarme, aunque lo desees; he aprendido a conjurarme en tus pequeñas cosas haciéndolas mías, y ahora dependo de ti. Escúchame, ahora que estamos solos: no habrá obstáculo, ni controversia, ni alfileres de lluvia en tus anocheceres, porque cuando por fin te fijes en la esperanza ínfima de mi naturaleza, amarás nuestros secretos, y ese don q...

Canción de cuna para Pilar

Hay tambores en tus ojos azules, Pilarcita, y cometas de viento jugando en tu pelo, y en la orilla preciosa de tu sonrisa luciérnagas brillantes alzando el vuelo. Ahora que nos envuelve la noche en su manto, niña mía, y estrellas son ángeles custodios del firmamento, me hablarás de cómo se ha portado contigo el día y me pedirás por favor que te cuente un cuento. Yo leeré para ti hasta que te duermas, hija mía. De mi boca saldrán princesas y dragones de fuego, y un apuesto príncipe a caballo que te recite poesías en caso que una pesadilla, quisiera arruinar tu sueño. He encerrado para ti las sirenas, dejándolas cautivas. He pactado con los árboles que no permitan aullar al viento. Me ha prometido el lucero del alba que, si te quedas dormida, va a despertar, bajo tu ventana, un mundo de colores traviesos. Así, sin darte cuenta, vas quedándote poco a poco rendida. Tus párpados juegan al juego de ser el escondite perfecto. Susurro mis últimas palabras. Mis dedos, en rítmica melodía, tambor...

Dicotomía

Aquí la rutina de las cosas; el presente maldecido. Los hábitos que derrotan al más sagaz de los hombres, y le adormecen en un estado de abandono. Él espera que le ocurran cosas, sin importar su naturaleza, pues el cambio fortalece el ánimo y sustituye la voluntad; es el recurso amable de la adaptación, irrenunciable, porque en ello le va la vida, por muy indolente que transcurra. A veces sueña con sujetar las riendas, y aullar como vencedor de la muerte, pero al cabo, recurre a esconder su rostro entre las cálidas sábanas de la indecisión. Allí, acurrucado, se consuela mirando de reojo al futuro, jugando a los dados de la fortuna, y esperando que una vez más le sonría o le maltrate, para acomodar la postura a condición, y volver a dormir plácidamente las horas que le restan. Sin embargo, él piensa que debe haber ahí algo oculto, y sueña en descubrirlo; todo el mundo esconde algo, si no para beneficio propio, para que un día alguien pueda encontrar aquello por lo que ha sido escondido....

Una ciudad sin nadie dentro

Últimamente tengo el alma de visita en el extranjero. He expedido su pasaporte y ya no sé dónde para; probablemente en el oasis de algún remoto desierto, o en la espuma de las olas, allí donde el mar acaba, y se escucha aullar el viento. La he imaginado en una ciudad atravesada de canales secretos: solitarios meandros de lluvia por los que pasea en su barca, empapada hasta los huesos. Campanarios sin campanas, majestuosos palacios sin dueño; calles y plazas vacías donde solo habita la nostalgia, como un vago recuerdo. Una ciudad sin nadie dentro. No, allí no puede estar mi alma, olvidada y rota, escindida de la ciudad de mi cuerpo. He de comunicarme con ella, aunque lleve lejos demasiado tiempo. Antes su rostro coincidía: no era la imagen borrosa que ahora me mira en el espejo. Últimamente tengo el alma de visita en el extranjero. No sé si está de vacaciones, o yo, estúpido de mí, la condené al destierro.

Agenda

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Según transcurren los días, más rápido pasan los años. Mirar atrás en mi agenda es revelar de nuevo mis pasos, como huella en un camino de tinta, como pluma en una marea de trazos. Tengo separadas las fechas, recordatorios, cumpleaños, citas, notas, reuniones, teléfonos garabateados, y una foto tuya y mía, plastificada con mucho cuidado: no creí que llegase el día que pudiera haberla olvidado allí, en el fondo de la agenda.. allí, en el rincón más solitario. Por mucho que transcurran los días, por muy rápido que pasen los años, no puedo borrar lo ya escrito, no puedo cambiar el pasado. Me lleva una eternidad releer el año que está acabando. Las páginas de mi vida reducida a los apuntes de mi errar nostálgico: las luces que pálidas juegan con las sombras de días amargos; la lúgubre ironía de mi soledad, yo que estoy siempre acompañado. Hoy tengo (como ayer, como todo el año) la agenda muy ocupada, llena de páginas en blanco.

Morir del todo.

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En el lecho de muerte estoy, agonizante. Ya los sueños escapan peregrinos, mezclándose con recuerdos de infancia, postergando la reflexión y el análisis acostumbrados a pequeños latidos inconexos de realidad. Yo que siempre había mantenido una posición teórica basada en la razón; yo que había hecho de la prueba dialéctica, del criterio epistemológico, un enorme tinglado cuyos cimientos consideraba sólidos; yo que no había admitido otras pruebas distintas de las de tipo matemático o de la ciencia experimental, denunciando desde la filosofía la emponzoñada trampa metafísica, negando la necesidad de una “causa primera no causada”, un “ser necesario y no contingente”, un “primer motor inmóvil”... ¡Ay! Qué cerca me encuentro de no ser, de la nada... Así es como he definido desde siempre la existencia del hombre: como un conjunto de componentes químicos que se interrelacionan, evolucionan y cambian. Hubo un tiempo en que me atormentó la idea de un principio de las cosas, pero me repugnaba la...

Me olvido.

A veces, con el huracán de fondo de este mar embravecido, me olvido. A veces, cuando todos hablan y ríen.. (¡y nadie imagina cómo te he querido!), me olvido. A veces, necesito con urgencia saber de ti. Pero me contengo.. y me obligo a no revivir de nuevo la tortura; a maldecir el día en que la fortuna me permitió haberte conocido. A veces olvido; pero cuando llego a mi cuarto vacío, ya no importa nada.. y me castigo repasando mil veces esta locura; escribiendo cartas y poesías absurdas.. porque no logro olvidarte, amor mío. A veces, cuando roto por el cansancio parece, ¡al fin!, que te has ido.. me olvido.

Contraluz.

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Hoy el mundo está a contraluz, encuadrado por el marco de la ventana. Apenas se nota el rosal a un paso del alféizar, suspendido como un torrente de lágrimas rojas. Al fondo, callejones largos y rectos anuncian el comienzo del camino. Y ¡mirad!, más allá de las montañas, invisible frontera, se adivinan más mundos e infinitas veredas; más callejones largos y rectos sumidos en sombras; un rosal desde la ventana, y alguien observando a través de ella, preguntándose -en celosa intimidad- la mejor manera de encuadrar su derrota.

Mis Alas.

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Cuando llegue mi hora, mis brazos serán alas; viajaré mecido por la fresca brisa de la mañana. Rizaré tirabuzones blancos en nubes de plata mientras el sol y el viento acarician mi cara. Volaré con los ojos abiertos: abajo montañas; o quizá navegue despacio sobre mares en calma. No habrá dolor, ni tampoco tormentas extrañas; sólo el amor de quienes he querido me acompaña. Y surcaré libre el cielo, cantando canciones pasadas; me harán cosquillas en el pelo las gotitas de escarcha, y gaviotas serán pasajeros en mi avión de esperanza. Sí, quiera Dios soplar su cálido aliento en mi alma. Quiera Cristo posarme a salvo en su pista dorada. Porque cuando llegue mi hora, mis brazos, (como los tuyos, los tuyos también)...... serán alas.

Soledad de Amor

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Hoy he soñado que estaba solo. Hoy no existía nadie que no fuera yo, en ese paisaje desdibujado por la bruma. Los que hoy quiero, deambulaban ajenos a mi, y no eran más que un lejano recuerdo. Dios tampoco estaba allí, en mi particular infierno. Procuraba afanarme en mis tareas, pero todo se volvía repetitivo e incoherente. Llenaba mi vida de distracciones, emociones, experiencias que cumplían rápidamente con el objetivo de la satisfacción inmediata. Argüía cábalas y lógicas matemáticas. Filosofaba y delimitaba la ética de mis acciones y pensamientos. Mataba el tiempo con jeroglíficos indescifrables. Y nada podía cubrir la angustia de mi soledad completa. Ninguna realidad, por estructurada y convincente que pareciese, podía esconder el rostro de mi alma al contemplarme en el espejo, porque sólo eran mis ojos de hielo quienes devolvían la mirada. Hoy he soñado en mi soledad, la que no ama. La que alimenta mis ratos vacíos con el ruido de la lluvia en los cristales. La que señala con el...

Breve historia de un beso

Leo en el blog de Ofelia un poema sentido. Habla de un brindis y un beso, o de un abrazo y una despedida. Todo se confunde en algo que me ocurrió hace muchos años. Fue en un restaurante de barrio, coqueto e íntimo, como nosotros éramos al principio. Tan jóvenes como el mundo que queríamos conquistar. Tan inexpertos en el amor que cualquier cosa estaba al alcance de nuestros deseos. Y sin embargo, ese día quedamos ella y yo para una primera despedida. ¿Cómo decir adiós a alguien que había descubierto contigo partes de ti que ni siquiera imaginabas? ¿Cómo enfrentarte a la tragedia de compartimentalizar el corazón, y embarcarlo en un mar de dudas? ¡Qué sufrimiento inútil y verdadero! ¡Qué sinrazón, que hermosa deriva descubrir el dolor, y darte al fin cuenta que en el laberinto del amor no sirven los atajos ni los planes perfectos! No sirve, no dura.. no importa lo que tú creas, porque cuando ella.. ella eres tú, ya no queda un resquicio en el que puedas esconderte o estés a salvo. Aquel ...

Desvaríos de un lunático.

Si he de ser sincero, no creo que esto dure mucho. Quizá lo suficiente para hacer reir a alguien con mis chistes facilitos, de esos para compartir acodado en el bar de la esquina. Puede que a la rubia del fondo le parezca mono, y que esa sonrisa que le dedica al novio sea una invitación para mi morbo y su coquetería. -¿Imaginas lo que yo, chica rubia?- Quiero creer que todo conspira para que tú y yo estemos juntos, y dejemos Madrid arrasado en esta noche loca... esta noche donde todo late alrededor mío hasta cortar la respiración. Hagamos que baile la ciudad hasta desvanecerse en un beso. Hagamos -por una vez- a nuestros sueños esclavos de la realidad y amémonos hasta el amanecer como si nos faltara tiempo. ¿Serás tú, chica rubia? O será la cerveza, o serán mis pies que se arrastran hasta otra taberna, hasta otra imaginativa visión cuyo común denominador es la luna, o quizá el amor, o esta maldita soledad que me come por dentro.

Yo no sé lo que sueñan los ciegos.

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Yo no sé lo que sueñan los ciegos. Encadenados a la retina de lo invisible, deletrean impávidos el repicar de la lluvia en las ventanas. Les siento como almas de días enteros, agotados de sombras: miden su tiempo en los ecos sonoros de la palabra. Es jazmín de jardín, es goce de roce, es infinito matiz de sabor. Sonidos que arrullan sentidos. Y juegan entre ellos a definir la realidad, solapándose, acompasando la noche perpetua en imágenes imposibles.

Perfecto

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Me he quedado sentado en el porche de mis sueños, balanceándome en el columpio de madera, mientras violines de agua repicaban sus notas en las escaleras. Le he pedido a Dios que me concediese el favor de que ese momento fuese perfecto. Y mientras esperaba Su respuesta, has pasado tú corriendo bajo la lluvia, empapada de vida. Por un momento perfecto, me he quedado sentado en el porche de mis sueños.

Podéis verlo como yo.

Ahí le veis, encorvado por el peso de los años; en una mano el bastón y en la otra un ramillete de claveles blancos. Ahí le estáis viendo, cómo camina trabajosamente entre el laberinto de mármol, flanqueado por un mar de cruces erguidas y cipreses melancólicos. Ahí está, ya ha llegado. Mirad cómo se quita el sombrero con respeto; ahora posa su mano en la lápida, y acaricia levemente la inscripción de la fría piedra; cómo quita el polvo, cómo deja a un lado en un pequeño jarrón de barro las flores frescas, sustituyendo las ajadas por el paso del tiempo. Mirad cómo susurra y reza, cómo dispone su frágil cuerpo para acomodarse un rato, a su lado. No se queja; se ha acostumbrado a visitarla todos los primeros días de noviembre, cuando ya las tardes caen deprisa y el frío cuaja las gotas de lluvia. Al principio fue difícil, después de toda una vida compartida. Cuando ella murió, él se convirtió en un fantasma, y deambulaba entre las cuatro paredes de su casa, esperando encontrarla detrás de...

Intenciones anuales.

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Voy a cerrar los ojos. Tengo que ir a muchos sitios, hacer muchas cosas, hablar con mucha gente, ser sencillo, educado, amigable, cumplir con mis compromisos, beber con moderación, no fumar en público, ni pegar a nadie ni que me peguen, amar como nunca lo haya hecho, odiar como siempre lo hiciste, mirarte de nuevo, no volverte a ver jamás, ganar una mano al poker con cuatro ases, sentirme el dueño del mundo, no desesperarme; aprender a decir no! cuando me dices sí.

Sábanas limpias.

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Ayer, cuando te pasaste por casa, quise retenerte como aquella vez que fuimos jóvenes, y hacíamos del porvenir una entelequia de borrachos. Huí de nuevo por esas calles que recorrimos tantas veces, absortos de nosotros mismos. El parque de aquella tarde, tan verde como las cosquillas y los nervios a flor de piel; y la humedad distinta, el agua a borbotones en los besos de tu boca y la cálida tentación...; y el fondo de tus ojos invitándome a quererte todavía más. Sí, miraba al cielo, tumbado en la hierba, y veía de reojo tus labios en mi mejilla como si ese momento nunca fuese a terminar. Yo, culpable y reo de mi insensatez, creí en el amor eterno; soñé contigo para no despertar; amé como si nunca tuviese que olvidar y me dejé llevar a través de un océano de intenciones y deseos. Hay sábanas limpias en mi cama. No pude retener los olores y sabores que una vez me resultaron imprescindibles. Queda el espejismo y la sensación de que un día lejano estuve enamorado de ti.

Un error fatal.

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¿Qué haces fregando a estas horas, mujer? ¿No ves que se te va la vida como esa espuma de jabón con olor a frutas tropicales? ¿No te das cuenta que ya no logras ver amaneceres cuando miras por la ventana, sino que arrojas con fuerza el despertador contra la pared? ¿Quién te juró sentir lo que sientes cada día? ¿Quién te recogió los sueños y los hizo suyos, cambiando el argumento hasta deslizarlos por la corta pendiente del abismo? ¿A quién podemos culpar de que aquello que venía prometido no tuviera cumplimiento? Sin duda, todo ha sido un error. Unas pequeñas decisiones, imperceptibles a lo largo de ese tiempo que nunca cambia hasta que todo es distinto, han torcido mis brazos, mis piernas en espiral, hasta convertirme en un nudo deshecho para ti. Olvidarte no va a ser fácil, pero la esperanza existe para cosas como ésta.

Hoy nieva a cántaros.

Nieva como si viviésemos en un país acostumbrado al frío. Estamos congelados. Los españolitos ya no son pasionales,( ni machos sudorosos ni hembras cálidas), sino que deambulamos ateridos con la cara pegada a los adoquines y las manos cerradas en torno a las pelusas del abrigo. ¡Ya no queda Amor!! Se nos ha quedado en los pliegues de alguna canción escuchada a lomos de la adolescencia, tan olvidada, o en los sueños que jamás pudimos cumplir, porque - a su vez- jamás intentamos nada para lograrlos. Los deseos cuelgan como estalactitas en la caverna donde yace, oscuro y silencioso, el corazón. Nieva, y es blanco el manto que veo tras el cristal. Hoy me siento como el carámbano que crece al abrigo de la ventisca, alimentándose del rugir del viento; pronto seré enorme y causaré pavor al aliento de mi cuchilla azul. Y sin embargo, en nada sucumbiré como agua derretida; me empequeñeceré en el primer rayo de sol que cruce tras la esquina, y a gotas hallaré mi fin, sin hacer ruido.

Primera entrada.

Seis de enero. Día de risas y regalos. Día de sueños cumplidos y caritas de chuches envueltas en papel de celofán. Sus Majestades los Reyes Magos han pasado de puntillas por casa de forma generosa. A mi me han traído una guitarra eléctrica y un poco ecléctica: servirá para descargar mis corrientes malhumoradas de cuando en cuando, o quizá sirva para desatar los temporales en el abismo de mis pensamientos. ¿Os imaginais yo con una guitarra eléctrica entre mis torpes manos? Yo que no soy capaz ni de tocar la piel de otros, por miedo a sus reacciones. Tocar, componer, interpretar, se me antoja absolutamente imposible. Yo que soy el absurdo personificado. Yo que quiero ser, y no me dejo.