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sábado, 3 de mayo de 2014

La plaza



Mayo entra con fuerza, sin pedir permiso a los pájaros que aún picotean el mes de abril. El porche se llena de gatos al sol, y entre sus patas se deslizan las flores; se desperezan al ritmo del aire; ronronean con la última luz de la tarde.

Pretendía escribir una carta lo suficientemente pretenciosa como para olvidarla de inmediato, pero estoy absorto en el empedrado de esta plaza. Losas de granito recogen en cuadrados los guijarros, simétricos, rematados en forma de cruz. Y se me antoja difícil recordar cada pisada mía, cada cuerpo infinito sobre la dureza del piso, ya desgastado por el paso del tiempo.

Pájaros picoteando migas de pan. Gatos al acecho. Una estúpida carta que jamás escribiré porque no tiene destinatario. Esta plaza de piedra centenaria que también soportó mis pisadas en otros días de mayo.

2 comentarios:

  1. Arrugaste el papel con tu indecisión y con ese gesto la plaza contuvo tu deseo marchito, y aquellas pisadas que no podían ser más que arrepentimiento.

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  2. absorto es una palabra que nos rapta , nos seduce y nos abduce a total voluntad
    y lo disfrutamos a concho
    al menos el empedrado de la pza se hizo un portal en la mente y en las sensaciones observadas

    buena jornada
    te dejo mi blog actual
    http://estepariazul.blogspot.com

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