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lunes, 16 de abril de 2012

Cena para dos


Guarda el miedo en un cajón: nunca es tarde para seguir dando tumbos.

Uno intenta perder el miedo, sí.  El miedo y el frío y el sueño cuando al llegar solo a casa te das cuenta que estás acostumbrado a pedir cena para dos. De repente, impar; cruz de la moneda que un día creí ser.  Bah! Y tampoco sería demasiado importante si el tiempo nos dejase en paz, olvidase por un momento su propensión a correr más de la cuenta y a permanecer impertérrito sentado mientras nos estruja a placer.

Desde la orilla del mar te lo digo:  guarda el miedo. Mira que a veces un rato de angustia y pavor – ese hormigueo en los dedos con sabor a derrota-  es lo que nos hace sentirnos vivos.  Para algunos el castigo es la consecuencia; para otros solo movimiento. Pero un día sentimos su peso en la espalda y en el grueso de los pantalones, y es entonces cuando lo obscuro nos flagela en plan Knockin´ on Heaven´s door, versión Guns  N´Roses, ( con permiso de Bob Dylan) o cualquier otra canción que te ponga al límite. Ahora que lo pienso, reconoce que es curioso, y tiene cierta guasa por otro lado, que seas tú la que me pidas consejo después de que me dijeras adiós. Un adiós que me supo a hasta nunca, piérdete. Fui yo el que quedó hecho pedazos y mírame:  apenas queda huella mecaguenlalecheputa.

Nunca es tarde para seguir dando tumbos, siempre que guardes a buen recaudo el miedo: entre las sábanas de seda recién planchadas para nadie, en la barra de un bar ligándote una copa, o en tu último paseo tan noctámbulo que nunca dejas en casa las gafas de sol, por si acaso. Consecuencias. Movimiento. Y el día que vuelvas a encontrarte a ese mamón que dices que te ha roto la vida ponte la plantilla de indiferencia en la cara; que no note los surcos de tus lágrimas, tan fácilmente achacables al tiempo;  que no espere de ti más que un saludo y la certeza de que ya no sientes nada por él,  y recuerda:  si insiste y te pregunta algo, llénale de consejos estúpidos que no sirven para nada.

4 comentarios:

  1. No siempre el dejado es el que peor lo pasa.

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  2. ¿retocado? no me atrevería así, de pronto... aunque podría mejorar.

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  3. No, es que lo leí desde el trabajo y releí una vez en casa y me pareció que habías añadido o cambiado ciertas palabras. Pero me pasa a menudo con tus lecturas, como en las pelis, cuando las ves por segunda vez siempre encuentras algo que, en un principio, te pasó de largo.

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