Arriba y abajo.
Carmen miraba por la ventana de su dúplex, absorta y pensativa. Acababa de recibir un email importante de su agente con un nuevo trabajo fuera de la ciudad, y repasaba mentalmente las instrucciones. Tenía que reunirse el domingo con él, en el café Beluga, a las 11:30 de la mañana, donde le daría un sobre, con un nombre y su foto, una dirección y el anticipo acordado. Lo de siempre. Aún le quedaba un día entero hasta su cita, y pensaba aprovecharlo; al menos hasta la comida. En un par de horas, su vecino Carlos, el informático, cortaría el césped de su jardín siguiendo como siempre un patrón preestablecido, en cuadrículas de diez metros por diez; arriba, derecha, abajo, derecha, hasta que llegaba a la siguiente porción de jardín. Carmen subió las escaleras y llegó hasta su habitación. Accionó el termostato de la ducha y se metió debajo, disfrutando del agua tibia sobre su cuerpo. En el vestidor, eligió el bikini azul que se compró hace un par de días en el Centro, y que apenas le cubr...