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Mostrando las entradas etiquetadas como Negra

Arriba y abajo.

Carmen miraba por la ventana de su dúplex, absorta y pensativa. Acababa de recibir un email importante de su agente con un nuevo trabajo fuera de la ciudad, y repasaba mentalmente las instrucciones. Tenía que reunirse el domingo con él, en el café Beluga, a las 11:30 de la mañana, donde le daría un sobre, con un nombre y su foto, una dirección y el anticipo acordado. Lo de siempre. Aún le quedaba un día entero hasta su cita, y pensaba aprovecharlo; al menos hasta la comida. En un par de horas, su vecino Carlos, el informático, cortaría el césped de su jardín siguiendo como siempre un patrón preestablecido, en cuadrículas de diez metros por diez; arriba, derecha, abajo, derecha, hasta que llegaba a la siguiente porción de jardín. Carmen subió las escaleras y llegó hasta su habitación. Accionó el termostato de la ducha y se metió debajo, disfrutando del agua tibia sobre su cuerpo. En el vestidor, eligió el bikini azul que se compró hace un par de días en el Centro, y que apenas le cubr...

Patología de un paisaje (VI de VI)

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Lucía Me llaman del busca. Parece urgente. Recorro los asépticos pasillos del hospital y cojo el ascensor al sótano. Me dirijo a mi pequeño santuario: el departamento de patología forense. El policía me dice que tienen un nuevo caso de asesinato y todo indica, por las pruebas preliminares, que el arma homicida es un hacha. Las víctimas son una pareja de jóvenes a los que han descubierto parcialmente mutilados en un contenedor de la basura. Sus manos estaban atadas por abrazaderas de plástico blancas y en los torsos de cada uno, a cuchillo, habían escrito con geométrica caligrafía “siempre” y “por parejas” respectivamente. En un descanso he llamado a Adam, y le he contado este nuevo hallazgo. Se ha mostrado interesado por los detalles del caso y me ha preguntado si los policías tienen alguna pista. –“Las policía nunca se entera de nada”- le he respondido. Me ha dicho que tenga cuidado y vuelva pronto a casa. Adam es un sol. Excepto cuando se pone pesado con el orden y me dice lo que deb...

Patología de un paisaje (V de VI)

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Adam Me quedé con su cara. Cuando entró en la ferretería a pedir por favor una cafetera de dos tazas, le dediqué la mejor de mis sonrisas mientras calculaba de reojo sus proporciones anatómicas. Sin embargo, no sé que vi en sus ojos: una extraña mezcla de soledad y tristeza, como si alguien o algo empozara su mirada. Merecía sin duda un buen epitafio. La seguí y averigüé que vivía a un par de manzanas de la tienda. Me hice el encontradizo y tomamos los dos un café cortado, con una sola cucharada pequeña de azúcar. Me dijo que le recordó a alguien, y luego se echó a llorar como una loca. ¡Dichosa empatía!. Me esforcé lo suficiente para, poco a poco, ganarme su confianza. Todavía no he decidido cómo matarla. Estuve a punto hace unos días, cuando ella visitó a su patética ex–pareja en mi cementerio. Desde la ventana observé como andaba hacia esa parcelita del fondo suroeste donde hace algún tiempo no encuadraba del todo la tumba de mármol. Bajé de tres en tres la escalera ...

Patología de un paisaje (IV de VI)

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Lucía Ya no puedo rezar, Luis; se me han agotado las lágrimas. Sé que debo venir más a menudo a contarte todo lo que ocurre, pero ya ves: he de seguir viviendo como sea, aun a costa de no visitarte en un largo espacio de tiempo. ¿Oyes como suenan las campanas? No; duermes, aunque en mis pensamientos todavía sigas despierto. Justo antes de tu trágica muerte, tuviste la sangre fría de hacerme prometer que te enterraría en el panteón familiar, al lado de tu madre, para que buscara una nueva pareja y nada ya me atase a ti... ¡Cómo te he querido, Luis! No sabes cómo me está costando olvidarte. Mira, hoy tengo que darte una buena noticia, pero antes déjame que cambie primero esas flores ajadas y ponga éstas; déjame que limpie el polvo de las lápidas con el pañuelo y me siente a tu cabecera. Escucha esto: ¡ya tengo la especialidad y el doctorado! Era la asignatura pendiente cuando nos casamos, ¿te acuerdas? Tenía tal urgencia de ti, que al principio no me importó nada aparca...

Patología de un paisaje (III de VI)

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Adam Ernest Descals (Pintura) Hago colección de epitafios. Mientras voy en autobús al trabajo, imagino una frase lo más críptica posible que defina de un golpe a las personas que me acompañan en el trayecto, como si en ese momento fuera a sorprenderles la muerte. Cuando alguien me llama la atención, bosquejo mentalmente las facciones del sujeto mientras le sonrío con amabilidad, y trazo un rápido boceto organizando su fisonomía como el pintor ante su caricatura. A partir de ahí, lo enfrento a las palabras. A veces me enfrasco de tal modo en conseguir un epitafio aceptable, que pasa de largo la parada, y tengo que volver andando parte del recorrido. No me importa, abro mi ferretería cuando quiero. Puedo permitirme el lujo de saborear mis pequeños pasatiempos sin que nada ni nadie me moleste. -“Dios quiera que lleves tanta gloria como descanso dejas”- Ese sería el epitafio ideal para el hombre gordo que lee el periódico a mi derecha. Podría aplicarse a la mayoría de gente que sube ...

Patología de un paisaje (II de VI)

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Lucía En esta pequeña ciudad de provincias todavía sobreviven tradiciones que se pierden en la memoria. Una de ellas es el tañido de las campanas de la iglesia, próxima a mi casa, cuando llaman a misa o doblan a duelo. Ya me he acostumbrado. Dicen que las campanas son el sonajero de los muertos. Para mí tiene otro significado mucho menos siniestro: misa de diez corresponde exactamente a la hora en que disfruto del segundo café de la mañana. Me quedan al menos cuatro intensas horas de trabajo para ordenar y pulir mi tesis doctoral. Un último esfuerzo para completar, ¡al fin!, mi formación como médico. Me trae de cabeza toda la documentación, manuscritos, apuntes, notas al margen que ahora reinan desperdigados en el escritorio: estoy convencida que la teoría del caos se formuló especialmente para mí. ¡Hierve el café! Voy corriendo a separarlo del fuego, mientras pienso que a Luis mi despiste le hubiese parecido del todo imperdonable. El esperaba pacientemente y apar...

Patología de un paisaje. (I de VI)

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Adam Me gusta la simetría. Hay cierta oscuridad en esa marea de trazos que pugnan por ordenarse hasta conseguir el equilibrio. Paseo con las manos cruzadas en la espalda, atento a las grises baldosas de cemento, los bordes lineales de las aceras y la arquitectura decadente de los edificios. Mi mente levanta sin cesar puntos de fuga y busca la mejor perspectiva a cada momento. Mido distancias; no descanso hasta que llego a mi estudio. En calculado orden, coloco la compra en la nevera como si fueran las piezas de un delicado puzzle. Envases de plástico opacos, colores neutros, sin aristas: siempre por parejas. Decidí mudarme a este lugar por sus vistas al cementerio. La chusma que lo visita no logra comprender el verdadero significado de los volúmenes que definen cada calle, cada esquina; ellos se sienten como Dédalo en el laberinto, y buscan rápido la salida y agachan la cabeza y se giran acongojados por si acaso, de repente, cruza ante ellos el miedo. Son incapaces de fijarse en cómo f...

Algún día te llevaré a Nueva York

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-"Algún día te llevaré a Nueva York"-, me dijiste. Aquellos días al único sitio donde quería que me llevaras era al centro mismo de tu cama. Aprendí de memoria tu paisaje desnudo y el contorno firme de tu cuerpo, y bebí de él hasta saciarme. Mientras dormías, yo recorría tus cauces con la yema de mis dedos, impaciente, febril hasta hacerte notar mi excitación; tú te desperezabas ronrroneando, y me preguntabas ufano -"¿Todavía quieres más?"- No podía imaginar nada mejor que vivir contigo. Cuando me enseñaste el estudio donde vivías, en que apenas cabían apretujados tus libros, y ese sofá raído, y esa ventana con vistas al cambiante equilibrio del mar, me pareció la isla desierta donde yo quise siempre naufragar. Allí me juraste que ibas a quererme siempre. Ahora yo te juro que me lo vas a pagar. Todo está convenientemente preparado. He repasado mil veces el plan y creo que no me dejo ningún detalle a la ligera. Tengo la maleta preparada en el fondo del armario, el pa...