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Mostrando entradas de mayo, 2012

Colombina

Hoy no tengo ni idea sobre qué escribir. Podría hacerlo sobre las flores, o sobre si os habéis fijado cómo verdean ya los trigos en los sembrados cuando vais a trabajar por la M-40.  O porqué Puccini es un genio que tuvo la mala idea de morir sin avisar antes de acabar Turandot. Qué faena, si me lees desde donde sea que estés, Pucci, esta te la guardo. Que sepas que estoy escuchando Il Pagliacci, hala, y estoy a punto de Vesti la Giubba a moco tendido. Me dirás que Leoncavallo no te llega a la punta de los zapatos, pero tienes que reconocer que respecto al nombre, te da mil vueltas. Y tampoco está nada mal el pobre payaso, enamorado hasta las trancas de Colombina, destrozado de amor pero obligado por su condición a hacer reir a los demás. Vocación de risa, no exenta de penas. La vida misma, ¿verdad? Aprovecho para recordarte que tienes que venir a cenar.  No esperes gran cosa de los platos que te prepare en esa ocasión tan especial, pero te juro que el vino será de primera. ...

Luminoso

Mi vida anda algo desquiciada últimamente, como esa horrible lámpara en forma de capullos en flor que cuelga del centro de la habitación. No funciona, menos mal. Me apaño con la luz de la mesilla. Todo lo que debería funcionar tal cual ha sido concebido, para lo que ha sido creado, formado, diseñado, por lo que tiene en definitiva su razón de ser, a veces no cumple las expectativas. Habrá que dar a quien sea las gracias por ello. Imagínate, qué aburrimiento. Qué verdadero coñazo todo impecable, duradero, programado. Espléndido y luminoso. Perfecto. Así que no vuelvas a decirme que quedan manchas en el fregadero después de lavar los platos. Haz el favor.