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Mostrando entradas de julio, 2010

Romanticismo galáctico

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Llevo años en órbita al sistema solar 7 y ya empiezo a estar un poco harto. Cuando en Selección de Personal me dijeron que este era un trabajo importante y bien remunerado, yo fui el único memo del planeta que se lo creyó. Quería viajar y pensé que me venía bien un cambio de aires después de mi formación académica, así que firmé un contrato temporal por 200 años: la mayor parte de mi juventud. Mi trabajo consiste en mapear este trozo solitario del Universo, y buscar fuentes de energía. Puedo decir ahora, sin temor a equivocarme, que es un coñazo directamente proporcional a la magnitud del rastreo. La Corporación podría haberme llevado a Andrómeda, Perseo, Quilonda, o cualquier constelación decente y bien ubicada, pero esto está lleno de agujeros negros, planetas llenos de gases tóxicos y estrellas violáceas en las últimas: sin duda, es la gran almorrana del Universo. Tengo que repetirme todos los días que alguien tiene que hacer este trabajo sucio, y seguir unos procedimientos básicos ...

Timón de cola

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Vuelo. Dicen que si una noche sueñas con volar, realmente lo que estás pidiendo a gritos es sexo. Yo no soy un especialista en interpretar sueños, ni tampoco un pájaro, y sin embargo, vuelo. Qué le vamos a hacer, es un hecho. Tan real, como que he subido a la terraza de mi edificio a hacer algunas fotos del entorno desde una nueva perspectiva y, al sentir el viento, he abierto mis brazos y mi cuerpo y mi mente y he sentido la sangre golpear hasta las mismas puntas de los dedos. Al abrir los ojos, volaba a cincuenta metros del asfalto. Siempre he creído que ante una situación estresante o nueva que no controlas, lo mejor es dejarse llevar; por lo que, pasada la primera impresión, visualicé en mi interior una verde hoja cayendo suavemente. Eso no me satisfizo del todo, porque yo ya quería experimentar. Inicié con miedo un tímido picado, y todo adquirió cierta velocidad. Sobrevolé con destreza un montón de edificios, una autopista y un polideportivo, el hospital, y vi a mi izquierda el Pa...

Reserva del 92

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Yo tenía un tío pintor, bastante excéntrico y a la vez adorable, que no podía hacer su trabajo cuando sentía la presencia de algún retrato en las proximidades. Los retratos, especialmente de señoras de alcurnia y rancio abolengo, le miraban mal. Decía que ellas, subrepticiamente, torcían el gesto cuando él pasaba a su lado, y eso le producía serios escalofríos y un principio de artrosis en la mano derecha de difícil solución. Gracias a Dios, era zurdo. Y sin embargo, desarrolló su profesión largo tiempo con una fortaleza de espíritu encomiable. Llegó a ser un gran pintor de paisajes, eso sí, con cierta fobia a los retratos. Esta misma tarde, sentado en el sillón de la casa antigua, de sobremesa y casi siesta, con un reserva de Rioja en la mano, me he dado cuenta que el bodegón de encima de la chimenea me mira mal. Lo juro. Sé que suena extraño, porque la composición del cuadro no contiene elementos peligrosos o desestabilizadores: una cesta llena de viandas con un ramo de uvas, al...

Mariposa de calendario.

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Una mariposa, batió sus alas encima de las sábanas blancas, y nací yo. Una mariposa, batió sus alas encima de las sábanas rojas, y murió Ella. Y me hubiera gustado ser Miguel D'ors para que me ocurrieran todas esas cosas imposibles: yo que hubiera podido nacer en la milenaria China, o ser bufón de alguna corte Imperial. Yo que podía haber sido piel roja, o esclavo negro en los inmensos campos de algodón, y navegante, y Cruzado, y ladrón en algún mercado persa o en Baghdag; cualquier cosa menos el amargo trabajo de ser yo, y sin embargo, una mariposa batió sus alas encima de aquellas sábanas y tuvo que morir Ella y nacer yo, y quién sabe si al respirar, al pensar, de vivir, vendrán detrás de mí mil generaciones más, y un Beethoven, un Proust, o un mendigo en los suburbios de Madrid, o esa niña que irá de la mano conmigo a recoger el pan; así que no te sorprendas si te hago una pregunta: dime, mariposa, hoy, en el día de mi cumpleaños, ¿hay algo que celebrar? Podría ser que en el bat...

Una mañana clara de Julio

Una mañana clara de julio eché a andar por la vieja cañada. El río bajaba a saltos cortos, y en los remansos de juncos el agua se desperezaba. Álamos, robles y algún castaño, retamas de jazmín y tomillo, hierbabuena, blanca flor de lavanda; la brisa del Este mecía las hojas, y las orillas del camino traían, solo para mí, un suave olor a tierra mojada. El sol quiso mostrarme su rostro; quizá fue un reflejo del corazón, pero un rayo de luz iluminó su sonrisa en la superficie del agua. No sé si fue la maldita brisa, pero aquella hermosa visión en un instante desapareció entre las sombras cambiantes de las ramas. En una mañana clara de julio tuve, mi niña, una fugaz ilusión: creí ver de nuevo el amor jugar al escondite en el patio de mi alma.

Arriba y abajo.

Carmen miraba por la ventana de su dúplex, absorta y pensativa. Acababa de recibir un email importante de su agente con un nuevo trabajo fuera de la ciudad, y repasaba mentalmente las instrucciones. Tenía que reunirse el domingo con él, en el café Beluga, a las 11:30 de la mañana, donde le daría un sobre, con un nombre y su foto, una dirección y el anticipo acordado. Lo de siempre. Aún le quedaba un día entero hasta su cita, y pensaba aprovecharlo; al menos hasta la comida. En un par de horas, su vecino Carlos, el informático, cortaría el césped de su jardín siguiendo como siempre un patrón preestablecido, en cuadrículas de diez metros por diez; arriba, derecha, abajo, derecha, hasta que llegaba a la siguiente porción de jardín. Carmen subió las escaleras y llegó hasta su habitación. Accionó el termostato de la ducha y se metió debajo, disfrutando del agua tibia sobre su cuerpo. En el vestidor, eligió el bikini azul que se compró hace un par de días en el Centro, y que apenas le cubr...

Nada ha cambiado.

Te lo advertí; no puedes decirme que no estabas avisada. Cuando tú me rechazaste, tomé mi decisión e intenté explicártelo, mientras trazaba la raya imaginaria entre los azulejos de tu portal. Declararme no había sido más que un error sin importancia, un impulso provocado por las noches locas de Madrid. No tenías porqué preocuparte: conservabas el amigo. Y el amigo prometió que no iba a traspasar jamás la línea que se había autoimpuesto. Te dejé claro que volvería a invitarte a cenar, desvelaríamos de nuevo secretos inconfesables y bailaría contigo hasta el alba cuando tú quisieras. Nada había cambiado. El grupo con el que salíamos no tenía porqué enterarse de nada. Pasó algún tiempo y volvimos a salir con nuestros amigos de siempre. Mordíamos la noche, pero mis bocados hambrientos eran para otras que no eras tú. No hubo más cenas, ni secretos, ni bailes que alumbrasen la madrugada. Mis saludos eran cada vez más fríos y distantes, y aquella complicidad que un día hubo entre nosotros, d...

Treinta euros

Hablar de mí es fácil: soy el producto que tú consumes. Yo pongo el lápiz de labios, la casquería fina, el contrabando de lujuria y la firme promesa, queridísimo, de hacerte -por un instante- un hombre feliz. Amo sin medida a treinta euros. Sé que de nada sirve contarte lo que hay detrás, la triste historia de cómo he llegado hasta aquí, aunque puedas imaginarlo: no te importa en absoluto, así que hablemos un poco de ti. Mírate al espejo y hablemos un poco de ti. Treinta euros. Hablemos un poco de ti.