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Mostrando entradas de marzo, 2010

Amantes

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Se hace un amargo silencio entre los amantes. Raúl respira con acusación, incómodo, y vuelve sus ojos al muelle. —Mira, ¿sabes lo que te digo? Algo se me escapa. Estoy seguro que tienes algún motivo para no confiar en nuestro amor. Yo ya no sé qué decir, ni qué hacer para demostrarte lo mucho que te quiero, y esta conversación está derivando en un desencuentro inesperado que me hace sufrir. —Necesito estar segura. No es fácil para mí plantearte mis dudas, pero debo hacerlo. Te quiero. Creo que te lo he demostrado estos meses: mientras tú viajabas de aquí para allá, yo esperaba. Todos los días me levantaba temprano y me sentaba en el alféizar de la ventana para ver llegar al cartero. Casi siempre pasaba de largo. Encerrada entre cuatro paredes, te disculpaba pensando que no habrías tenido tiempo, que te habría sido imposible mandar unas líneas contándome tus aventuras y ... —¿Aventuras? No sabes lo que dices. Llevo dando tumbos toda la vida y parte de la culpa la tiene mi trabajo....

Happy days

Yo canto; tú lo sabes: canto. When Jesus wash.. ¡Oh, happy days! Y en cada nota, cada acorde in crescendo, siento crecer en mí el amor. Es el bálsamo que cubre y sana mis heridas. Rezo. No sé hacerlo de otro modo: es la única manera que puedo suplicar perdón. Flores en el jardín. Valla de madera blanquísima delimitando el pequeño huerto. Ropa tendida donde, a veces, dejo secar mi alma. Cielos azules, de raso y almidón, como la casa en que tú y yo vivíamos antes de marcharte a Afganistán. Este es el recoveco de mi vida donde guardo mis días felices, encerrados en la buhardilla de mi corazón. Cuando te vi bajar las escaleras de aquel avión ya eras otro. Olías a pólvora quemada y a odio incomprensible, contenido y absorto, y ni siquiera mis besos fueron capaces de borrar la propaganda y la guerra, el hastío infinito que traías en los bolsillos de la mochila. ¿De dónde sacaste tanta tristeza? ¿Qué hiciste, amor, para despertarte todas las noches empapado de lágrimas? Yo te preguntaba, y tú...

Rock´n Rio

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-¡Apaga la puta grabadora! ¿Qué te habías creído? Tú me ves en los conciertos, las entrevistas, las giras, las promociones y las fiestas con la misma pose calculada. Rebelde; irreverente, escandaloso, inconformista: el artista de las mil caras. Me pongo la máscara que sea más efectiva de puertas afuera, como si viviese en un carnaval permanente. Es lo que vende, ya sabes. Si hay algo desde los medios que habéis repetido hasta la saciedad de esta profesión de mierda, es la falsa impresión de que estamos por encima del bien y del mal. Que somos ejemplos de algo. Como si tocar la guitarra eléctrica, aporrear con fuerza la batería o desgañitarse con la voz rota después de cien conciertos en una temporada fuese un modelo de vida a seguir. Y míralos en primera fila: nos adoran. Ellos nos envidian y nos imitan, y ellas quieren meterse debajo de nuestras sábanas. Algunas lo consiguieron. Muchas. Y a la mañana siguiente no sabías con quien te ibas a despertar, ni tampoco si tenía nombre. ¡Bah! ...

Un apocalipsis

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Por las avenidas crujía la lluvia arrastrando en tumulto la decrepitud de los tiempos. Vi como los hombres miraban hacia arriba, alzando sus viejas manos en señal de duelo. Aullaban sus almas corruptas, como animales en celo. En sus ojos sin párpados la verdad desnuda y el terror lamiendo los huesos. Y una luz como de estrella fugaz llenaba por un instante el firmamento. Ayer soñé que todo aquello que éramos nosotros, empezaba de nuevo.

En blanco y negro

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El bar destartalado donde ahora escribo, acompañado de un café humeante, era una vieja escuela. En las paredes repintadas de yeso muerto y adobe, rostros difusos miran de frente. Son las caras enmarcadas de los niños que habitaron aquí hace 75 años, prestas a la curiosidad de verse retratados en una cámara fotográfica. Imágenes en blanco y negro de tiempos pasados, entonces tan actuales e inmediatos, que puedo imaginar la febril actividad y regocijo en cuanto supieron la noticia de que iban a ser inmortalizados. La comidilla del lugar durante un mes, por lo menos. Ahí está mi padre, con ocho añitos. Las despellejadas canillas al aire, con su pantalón corto raído y sus alpargatas de esparto, mirando travieso con ínfulas de caballero. Y el profesor en el centro de la chiquillería, con bigote, bastón y bombín calado hasta las gruesas patillas, posando con la indiscutible autoridad que su cargo le procuraba en ese contexto de espacio y tiempo. Hay cierta melancolía en las fotos antiguas. N...

¿Dónde irán las nubes?

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En esta noche fría de febrero, Juan sale en camisa a la terraza de su apartamento. Sus ojos vuelan hacia arriba y observa cómo veloces charcos de nubes cubren la luna llena. Enciende con parsimonia un cigarrillo y exhala el humo. Ultimamente trabaja demasiado. En la empresa las cosas se están poniendo difíciles, y nadie está a salvo del despido. La mayoría de departamentos han reducido el personal porque los balances trimestrales arrojan pérdidas, y ya no saben cómo reducir los costes. No salen las cuentas. No es que su empleo de contable llene sus aspiraciones profesionales pero, al menos, le permite sufragar el rosario de gastos corrientes, pagar la hipoteca y el coche. A la luz intermitente de la luna, Juan maldice su suerte. Su vida siempre ha sido una loca carrera de obstáculos, llena de promesas incumplidas. Recuerda cuando eligió la carrera universitaria; después de acabarla, los cursos y másters que tuvo que estudiar mientras trabajaba por las noches; su primer trabajo, en un...