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jueves, 10 de marzo de 2011

Volver

Un día cualquiera, sin razón aparente, vuelves.

Aquellos paisajes que un día lejano visitabas con frecuencia y apenas hoy recuerdas. El pueblo dormido; la plaza empedrada en jirones de bruma. Aquella casa azul levantada sin querer, ladrillo a ladrillo, construida en algún páramo remoto de la conciencia. Todo regresa. Los hábitos que perdiste; la costumbre relegada al olvido. La habitación, una cama esquinera, el pupitre reconvertido en escritorio y el lápiz despuntado pegadito al cuaderno de dibujo. Todo está en su sitio. Diríase que las cosas que observo casi con nostalgia conspiran en aparente letargo mientras esperan un gesto, un leve movimiento que desencadene la acción necesaria para resucitar de entre los muertos.

Mientras recorro de un vistazo todos estos pensamientos, me doy cuenta que quizá los paisajes y objetos que habitan en mi imaginación, en la memoria, a vuelapluma mientras estoy escribiendo, forman parte de mí, de un trocito de lo que soy; y en la soledad voluntaria del acto de escribir, la tinta y el papel susurran que ellos están muy vivos, y me giro con sorpresa al notar que cada vez les cuesta menos decir mi nombre.

Al terminar, no puedo menos que sonreir; y, como en un espejo, me devuelve la sonrisa el manuscrito. Según leo, va cobrando vida. Es fácil darse cuenta que era yo el muerto.

6 comentarios:

  1. A medida que te leía me invadía un sentimiento de añoranza. Al final, también yo he recobrado vida.

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  2. Aina, gracias por comentar.. te añado, si no te importa.

    Un saludito.

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  3. Maribel..¡te he echado de menos!

    Abrazos y gracias por la bienvenida.

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  4. Hola, Miguel:

    Me alegra volver a leerte.

    Bienvenido, amigo.

    Un beso.

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  5. Hola, María:

    Muchas gracias por la bienvenida. A ver si vuelvo a engancharme a esto de los blogs.

    Un saludo.

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