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Mostrando entradas de octubre, 2010

Un buen día

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He cogido vacaciones de la gran ciudad y ayer noche llegué al pueblo de madrugada. Me recibe la vieja casa, grande, silenciosa y cubierta de polvo. Un perro ladra. Hace frío en la habitación principal y me meto en la cama con un par de mantas. Las vigas crujen como si en vez del viento, estuviese retorciéndolas algún alma en pena. Estoy agotado, molido y me parece oír a lo lejos que en el campanario de la iglesia, tañen cuatro veces las campanas.

El tesoro

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Querido Pablo: Con el tiempo, he llegado a pensar que amábamos sin darnos cuenta. Te acordarás de aquella cafetería donde solíamos quedar después del trabajo. El humo de los cigarrillos se fundía con el del café, y a través de él, mirándome a los ojos, decías que estábamos cautivos en una pequeña isla del tesoro, aislados del mundo. ¿Cómo no iba a creerte? Muchas cosas han ocurrido desde entonces, y me temo que otras muchas pasarán antes de atreverme a enviarte esta carta. Por ahora, déjame que siga recordando aquel hotel, y cómo atravesábamos el vestíbulo hacia el ascensor, erguidos y distantes, bailarines de tango cuyos preliminares acaban cuando la muchedumbre deja de observarlos. Ya por el pasillo de la quinta planta, éramos cazadores furtivos acechando la pasión como presa. Dos desconocidos con idéntico número de habitación, la ventana siempre tapada por las cortinas, la misma cama. Entonces,veía tu silueta acercándose en la penumbra y me faltaba tiempo para sentir las yemas de mi...

Caleidoscopio

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Dentro de poco volverá la lluvia. El cielo se cubrirá y un jirón de niebla envolverá la casa sin previo aviso. Las gotas de agua, una, dos, diez, golpearán las ventanas. Hace un momento, los rayos del sol me hicieron creer que los cristales eran lisos, transparentes; y sin embargo, cuando arrecia la lluvia, el agua se reúne y al caer cimbrea, crece, engorda, surca de forma irregular y caótica la superficie creando minúsculos ríos, en un caleidoscopio que parece no tener fin. Dentro de poco volverá la lluvia. Y anegará de nuevo, gota a gota, los resquicios de mi alma. Esa misma que se empeña en tapar las grietas e iluminar los rincones para mantenerme a salvo. Los recuerdos, la nostalgia, tu risa, el miedo, saldrán a flote como el cadáver de un ahogado, y se deslizarán de forma irregular y caótica en mis mejillas creando minúsculos ríos, en un caleidoscopio que parece, mi amor, no tener fin.