Un buen día
He cogido vacaciones de la gran ciudad y ayer noche llegué al pueblo de madrugada. Me recibe la vieja casa, grande, silenciosa y cubierta de polvo. Un perro ladra. Hace frío en la habitación principal y me meto en la cama con un par de mantas. Las vigas crujen como si en vez del viento, estuviese retorciéndolas algún alma en pena. Estoy agotado, molido y me parece oír a lo lejos que en el campanario de la iglesia, tañen cuatro veces las campanas.