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jueves, 12 de agosto de 2010

Manos en la masa


No queda nada bien el ordenador portátil en la mesa de la cocina.

Supongo que cada cosa tiene su sitio, pero tengo un ratito para escribir mientras hago las judías con chorizo, aunque corro el riesgo de que las dos cosas, escribir y cocinar, salgan mal. Pretendo rebatir el dicho de que los hombres no sabemos hacer dos cosas a la vez, y solo las mujeres son capaces de ejecutar multitareas. Es broma. Sin ánimo de polemizar, pues admito a priori que puedo estar equivocado, todo el mundo sabe que dos cosas o más a la vez, bien hechas, están al alcance de todo el mundo, excepto de las mujeres.

Bien, vale, lo retiro. El caso es que quiero hablar de esta cocina mientras pico los ajos y las cebollas, pimiento rojo y tomate, el choricito con algo de picante. Tengo de encimera baldosas de barro grandes, antideslizantes, color tierra oscura, igual que el solado de toda la habitación. Hierro, madera y cerámica. Chimenea de piedra abierta, por donde a veces se cuela algún pájaro cuando olvido cerrar el tiro. Cocina de carbón de 1840, con los antiguos fogones llenos de pertrechos para encender el fuego; ya no se utiliza, ha quedado medio olvidada en un rincón, soportando estoicamente el peso del microondas. Triste destino su cementerio, pero como yo le digo, peor si te hubieran fundido y fueses ahora una reja de la ventana, muy bonita y artística, pero sin corazón. Alacenas de madera, vistas, con marquetería y clavos; me acabo de dar cuenta que ya no queda rastro de barniz, y empiezan a astillarse. En realidad, me gusta todo como está. Platos de cerámica, jarras, un porrón, cántaros, el botijo. La vieja balanza colgada de la pared de yeso y ladrillo de adobe. Un cuadro irlandés. Paños de cocina y vajilla. La fresquera de madera, con puerta de rejilla para evitar que los ratones -y otros bichos hambrientos- se coman los quesos, o los chorizos y salchichones colgados de los clavos.

Huele bien. A cocina antigua y ventana abierta. Al chof chof de las judías casi trabadas y listas en el fuego. Parto pan blanco de hogaza y las pruebo. Sin duda, soy mucho mejor cocinero que escritor. ¡Que aproveche!

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