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sábado, 16 de enero de 2010

Breve historia de un beso

Leo en el blog de Ofelia un poema sentido. Habla de un brindis y un beso, o de un abrazo y una despedida. Todo se confunde en algo que me ocurrió hace muchos años. Fue en un restaurante de barrio, coqueto e íntimo, como nosotros éramos al principio. Tan jóvenes como el mundo que queríamos conquistar. Tan inexpertos en el amor que cualquier cosa estaba al alcance de nuestros deseos. Y sin embargo, ese día quedamos ella y yo para una primera despedida.

¿Cómo decir adiós a alguien que había descubierto contigo partes de ti que ni siquiera imaginabas? ¿Cómo enfrentarte a la tragedia de compartimentalizar el corazón, y embarcarlo en un mar de dudas? ¡Qué sufrimiento inútil y verdadero! ¡Qué sinrazón, que hermosa deriva descubrir el dolor, y darte al fin cuenta que en el laberinto del amor no sirven los atajos ni los planes perfectos!

No sirve, no dura.. no importa lo que tú creas, porque cuando ella.. ella eres tú, ya no queda un resquicio en el que puedas esconderte o estés a salvo. Aquel día le dije que no era para mí, y sus ojos me engañaron. Cerramos el pacto con un último beso, y mi corazón se rompió.. o se heló como aquel vino blanco con el que brindábamos. Un azul eléctrico recorrió el salón al besarnos. Todavía tengo la cicatriz, aquí, en el interior, y ahora sangra al contarte que lo que pretendí matar, no murió.

Si alguien aquel día perdió, ese fui yo. Si alguien aquel día ganó, ese fui yo. Si alguien ese día pensó que un beso iba a sellar el final de una relación, ¡Dios mío, cómo se equivocó!

2 comentarios:

  1. Genial, Miguel: forma y fondo.

    ¿Cómo expresar el placer de leer lo que escribes?

    No dejes de hacerlo, por favor.

    Un abrazo

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  2. Miguel:

    Acabo de dejarte un comentario en el posts de los ciegos.

    Me gusta cómo escribes, tu blog está muy bien.

    Volveré.

    Saludos.

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